MARGARITAS A LOS PÁJAROS: una visión a vuelo de ave de la ganadora del Oscar



No vi Birdman. Tampoco está en mis planes de comprar un balde de pochoclos, una gaseosa mediana y meterme a verla. Y ojo que he ido a ver películas de cine-arte pero solamente porque Philip Morris regalaba dos entradas, un baldecito de pochoclo y dos gaseosas de 600ml al canjear 20 marquillas (no fumo, así que las encontraba en la calle o se las pedía a mis amigos fumadores). De esa forma, oh paradojas, me terminé fumando Dogville, ese provocador adefesio de Lars Von Trier, un tipo que se cree muy piola haciendo una película como Ninfómanas, donde los actores se cepillan de verdad.



Repito: no vi Birdman. Apenas el trailer. No es la película que yo veo en los cines. Soy lineal. Soy la plebe más plebe al meterme a una sala. Si no hay efectos sonoros en 5.1 y visuales con todo lo último en CGI, no cuenten conmigo. Las películas "para pensar" las agarro de casualidad en canal 22, Proyecto 40, Sundance o hasta en NatGeo.

Y Birdman es una película de esas. De culto, pero muy de culto. No revolucionó al cine actual pero sacudió un poco bastante por su realización. Es todo un plano secuencia simulado (que ha hecho que el mexicano Emanuel Lubezki gane por segunda vez consecutiva un Oscar por su labor) que trata de un actor de películas comerciales en decadencia (interpretado por Michael Keaton) que, para demostrar que es un actor de raza, monta una obra teatral muy ambiciosa. Todo se va al bombo antes del estreno y comienzan lo que muchos de mis amigos actores disfrutaron a rabiar al verla: los traumas, complejos, esquizofrenias emergentes del otrora ídolo de films de acción. El actor desnudo, que ve volar al superhéroe en las calles y escucha una voz de ultratumba puteándolo.

Lo puse en twitter: Birdman es una película de, con, por y para los actores. Sólo ellos la saben descifrar, volverla a cifrar, elucubrar. Salen del cine como yo con la bici cuando vi Matrix Recargado, a contramano por la avenida Victorica en Moreno, como Trinity llevando al Cerrajero en moto por la autopista. Para un actor, Birdman es la Biblia en arameo. No importa si es una película norteamericana hecha por realizadores mexicanos y guionistas mexicanos y argentinos, también ganadores de una categoría más que importante como la de Guión Original.


Aquí en México durante todo un día se celebró la victoria casi como un Mundial ganado. País amante de las redes sociales, no paró de publicar memes y los hashtags triunfalistas emergieron hasta en la sopa. Siempre fue así. Un amigo que me crucé hoy me decía "somos así: vociferamos, nos volvemos insufribles, nos acordamos de la bandera, de Cielito Lindo, de "mexicanos al grito de guerra", pero al otro día "se nos pasa" como a la Rana René y de vuelta a la chamba (al laburo)".

Y la alegría no era para menos. México, de esta forma, se convierte en el país más poderoso de Latinoamérica en lo que es séptimo arte. Tiene a dos directores múltiples ganadores de premios de la Academia, tiene a actores que se codean con la crema de Hollywood. Y no es algo que sólo se da por ser vecinos fronterizos de Estados Unidos. Si bien todas las películas tienen el subsidio del IMCINE (el INCAA mexicano), ninguna puede considerarse en rodaje sin la inversión privada. Y el cine mexicano no tiene qué envidiarle al americano. Te das cuenta en las carteleras que hay de todos los géneros, de una respetabilísima producción y con detalles tan importantes como la realización de sus afiches. Como en todo mercado mundial, los inversores van a lo seguro o a los que vendieron bien como seguro. Una película como Birdman da lógico prestigio, pero si los cines quisieran reponerla (duró relativamente poco en las salas de este país), mejor dejan en 5 de 10 salas al millonario degenerado que le pega a las mujeres por placer o al simpático personaje amarillo que vive en una piña debajo del mar.

Alejandro Gonzalez Iñarritu hace filmes densos. Muy densos. Y tu mamá también, Amores perros (su puerta de entrada al país del norte), 21 gramos, Babel... Historias de gente que sufre ayudadas por un suspenso cómplice con el espectador. Y Birdman, a pesar de que muchos digan que no, es de esa misma eterna saga. Y para la Academia el sufrimiento siempre garpa. Para un actor es más difícil llorar que reír. Y si encima llorás con convencimiento, olvidate. Hacé un espacio en la repisa del living para los premios que vas a recibir.

Y ya en la cúspide de su carrera, Iñarritu, en inglés, se acordó de sus compatriotas, de los que ya viven en USA (chiste xenófobo pero igualmente festejado de Sean Penn incluído) y de los gobernados por el eterno partido PRI. Lejos de entrar en polémicas tras el deseo del director ganador de "tener el gobierno que nos merecemos", el gabinete del presidente Peña Nieto dijo que justamente están todos los días trabajando por ello. Otro país le hubiera mandado una jauría de cyberseguidores para descubrir su supuesto papel en la dictadura.

En resumidas cuentas, "Birdman o (la inesperada virtud de la ignorancia)" (curiosa forma de poner paréntesis que hace que la película se llame "Birdman o") es, sin necesidad de verla (en mi caso, por ahí con el tiempo me siente y la vea), una película para pocos. Los que van a verla, saben a qué se atienen. Los amantes del cine de paladar negro la van a querer ver como 50 veces para descubrirle cada detalle. La crítica seguirá muy moderada, acostumbrados a su filosofía de no meterse en la cocina del arte (y de hecho, Birdman es una cocina inmensa de la mente actoral). Los actores, actrices... bueno, ya lo dije más arriba. No van a esperar a que salga el DVD para chorear frases piolas que, según me dijeron, las hay y muchas.

No se enojen, pero yo por ahora me quedo un poco con la vieja gloria que fue el personaje de Michael Keaton.